La movilidad es el conjunto de desplazamientos que las personas y los bienes realizan para satisfacer o dar respuesta a numerosas necesidades (trabajo, ocio, estudio, gestiones...)

Una movilidad sostenible debe conseguir este objetivo sustituyendo, fundamentalmente, la utilización abusiva del coche privado por la utilización del transporte publico, la bicicleta y la marcha a pie.

La movilidad sostenible es, en cierto modo, una manera de desplazarse, de viajar, que tiene un profundo respeto por los residentes, peatones, ciclistas, pasajeros del transporte público, así como por los demás conductores. Una movilidad sostenible busca reducir el coste energético, tanto en la elección del modo de transporte como en la disminución del número de viajes realizados y su distancia.

Para poder ejercer esta movilidad respetuosa es necesario que los modos más sostenibles tengan prioridad sobre los más contaminantes y con un mayor coste energético. Es necesario planificar las ciudades para que proporcionen suficiente comodidad y seguridad a los movimientos de los peatones y ciclistas, en primer lugar, y a los pasajeros del transporte colectivo, en segundo lugar.

La movilidad sostenible es un reto en el que toda la ciudadanía debe estar implicada.

Pero... ¿cuándo comenzó esto de la movilidad sostenible?

Fue en los años sesenta cuando comenzaron a alzarse las primeras voces críticas cuestionando el modelo de transporte y el aumento de infraestructuras viarias. La crisis del petróleo elevó la alarma cuestionando la capacidad de carga del medio natural. ¿Tiene límites la forma en que nos estamos desarrollando sobre nuestro planeta?

Donde quedó "oficialmente" establecido que el modelo occidental de desarrollo era el responsable de importantes impactos medioambientales fue en la cumbre de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente Humano celebrada en Estocolmo en 1972. Posteriormente se celebró la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro de 1.992, en la que se iniciaron las primeras conversaciones internacionales sobre el calentamiento global de la Tierra que desembocaron en los acuerdos de Kioto de 1997. Allí se vió que uno de los factores fundamentales que incidían en este calentamiento era la emisión de gases de efecto invernadero generados en su mayor parte por la combustión de los vehículos a motor.

La primera vez que se utilizó el concepto de desarrollo sostenible fue en 1987, en el Informe Brundtland, donde se definió como aquél tipo de desarrollo que debiera seguir la especie humana para poder prolongar su existencia en el planeta sin hipotecar su futuro. Este nuevo modelo de desarrollo se refiere a todos los campos de la actividad humana, entre los que se encuentra también el transporte.

Precisamente es este uno de los sectores que más negativamente influyen sobre el medio ambiente. Por un lado consume un gran número de recursos energéticos, y por otro lado genera contaminantes que son emitidos a la atmósfera afectando a nuestra salud y provocando el efecto invernadero.

Sin embargo, no hay que olvidar que el transporte es un elemento indispensable para las actividades económicas y sociales, y desde esa importancia hay que buscar nuevas fórmulas que lo hagan más sostenible.

La tendencia hoy en día se dirige hacia el diseño de espacios territoriales compactos donde el automóvil, inicialmente concebido para ser el único transporte válido en los desplazamientos de las personas, pasa a ser discriminado, en favor de otros medios que como la bicicleta, ir a pie o el transporte público contaminan menos, son más asequibles económicamente y más accesibles a todas las personas.

¿Cuál es nuestra apuesta?

1. Una apuesta por la información, educación y participación para conseguir modelos de movilidad sostenibles.

  • Es imprescindible adoptar estrategias de información y educación para cambiar las actuales tendencias de movilidad.
  • Hay que evitar los prejuicios sobre los modelos alternativos de movilidad (bicicleta, ir a pie, transporte público, etc.)
  • Es necesario gestionar la movilidad de los trabajadores, fomentando el transporte colectivo en las empresas, el uso compartido de los coches...
  • Si no trabajamos por un cambio de valores en toda la sociedad, la transición hacia un modelo más sostenible será mucho más costosa en términos generales.

2. Una apuesta por el medio ambiente.

  • Hay que ser conscientes de los límites ecológicos del planeta y asumir que hay una cantidad determinada de transporte a partir de la cual, el ecosistema ecológico entra en fase de deterioro sin capacidad de recuperación.
  • Tenemos que conseguir reducir los costos ambientales derivados del modelo tradicional de movilidad, donde el coche es el elemento central.
  • Son muchas cosas a mejorar: el consumo irracional de suelo, la contaminación atmosférica, el calentamiento global del planeta, la pérdida de biodiversidad, la contaminación de acuíferos, la contaminación sonora, el elevado gasto energético, etc.

3. Una apuesta por una ordenación territorial y una planificación urbanística que favorezca una movilidad sostenible.

  • Cuando se ordena y planifica el territorio es importante tener en cuenta cómo se dará respuesta a la necesidad de transporte.
  • La compactación urbanística reduce la dependencia respecto al coche al aproximar los lugares de residencia, trabajo y ocio.
  • Es importante implantar planes de movilidad en el diseño de las zonas industriales y las grandes áreas de trabajo, intentando reducir el tráfico y asegurar buenas conexiones de transporte público.
  • Hay que establecer planes de movilidad municipales y supramunicipales que analicen las posibles alternativas para establecer redes de transporte de personas y mercancías con criterios de sostenibilidad y accesibilidad.
  • Otras actuaciones pueden ser la recuperación de los centros de las ciudades para el peatón, el calmado del tráfico, los aparcamientos periféricos junto con la mejora de accesos al centro, etc.

4. Una apuesta por las ciudades sanas con espacios acogedores para el ciudadano.

  • Hay que mejorar la seguridad para peatones y ciclistas.
  • Hay que mejorar la calidad ambiental de los espacios públicos y generar zonas de encuentro accesibles a todos los ciudadanos.
  • Es importante establecer planes de reducción sonora. Elaborar mapas de ruido municipales y controlar las principales fuentes derivadas del transporte, aplicando medidas de minimización.
  • Es conveniente mejorar el control de las emisiones contaminantes y fomentar el uso de carburantes ecológicos no tan contaminantes.

5. Una apuesta por el uso racional del coche, por la bicicleta y por el transporte público.

  • Hay que fomentar y educar en el uso racional del coche ofreciendo alternativas reales de transporte.
  • Es importante promover el uso de la bicicleta como vehículo urbano y no sólo como elemento de ocio y recreo, planteando una política integral de la bicicleta que además de generar infraestructura, sensibilice a la población en los beneficios del uso de este medio.
  • Hay que dotar al municipio o territorio de un servicio óptimo de transporte público para que sea una alternativa al coche y donde la intermodalidad sea posible.